lunes, 17 de agosto de 2015

Debates historiográficos

Historia de la ciencia

Debates historiográficos: Introducción


HISTORIOGRAFÍA CIENTÍFICA: Historiografía es una palabra que surge de la unión de otras dos: historia + grafía, o lo que es igual: historia y escritura. De ahí que este sea el concepto para definir un tipo de operación que debe realizar el historiador en el proceso de construcción de una narración histórica. Para satisfacer los intereses y afinidades de conocimiento de los historiadores, existen múltiples corrientes historiográficas, cada una de ellas con sus particularidades, sus ventajas y sus sesgos, que orientan al profesional en historia y al público lector sobre tendencias y formas de interpretar los acontecimientos pasados.

Todos los días, cotidianamente hacemos referencia a la historia, a nuestras historias personales o familiares, a la historia de las naciones, etc. y generalmente todos entendemos a qué nos referimos cuando usamos el término “historia”. Sin embargo, cuando analizamos más detenidamente la cuestión aparece un conjunto de problemáticas teóricas que abordaremos en esta sección.
La propia palabra “historia” esconde dentro de sí dos sentidos diferenciados que no debemos confundir. A veces, decimos “historia” (H1) para hacer referencia a los hechos del pasado, por ejemplo al decir “A lo largo de la historia argentina se sucedieron numerosas crisis sociales”. Pero en otras ocasiones hacemos referencia a la “historia” (H2) entendiéndola como conocimiento sobre aquellos hechos del pasado, por ejemplo al decir “La historia argentina se debate entre posturas liberales y revisionistas”. Esta diferencia de nivel nos abre la puerta a una problemática aun mayor, ¿Cómo pasar de los “hechos del pasado” al “conocimiento sobre los hechos históricos”? Parece simple pero allí es necesario detenernos y reflexionar epistemológicamente.

Los “datos históricos” no se extraen simplemente del pasado, son el producto de un proceso de selección y apreciación en donde interviene activamente la perspectiva teórica del investigador. Para ejemplificar esta incidencia Arthur Danto nos propone pensar el siguiente caso: ¿qué lugar ocuparían para un historiador del siglo XIII los postulados de Aristarco (s.III a.C.)? Seguramente Aristarco en el siglo XIII no era famoso por ser un “antecesor del heliocentrismo”. ¿Por qué? Sencillamente porque aquello que la historia de la ciencia llama heliocentrismo se inicia y afianza a partir de la obra de Copernico en siglo XVI.
También resulta interesante pensar para qué se investiga la historia de la ciencia. ¿Con qué objetivo? ¿Puede el conocimiento del pasado ser un fin en sí mismo o bien el objetivo es desarrollar un conocimiento instrumental que ayude a la comprensión de la ciencia actual? Algunos, como Pierre Duhem, afirman que la historia de la ciencia tiene el enorme potencial de mostrarnos la naturaleza efectiva del conocimiento científico y combatir simplificaciones dogmáticas en torno a lo que la ciencia supuestamente es.
Como hemos visto, lejos de ser algo simple, la cuestión de cómo construir la historia de la ciencia es algo problemático que amerita desarrollar ciertos debates historiográficos y filosóficos. A continuación nos vamos a detener en una discusión específica ¿Es correcto que la mirada presente del historiador influya sobre su forma de concebir el pasado? ¿Sería posible evitarlo? ¿Será cuestión de matices, acentos y articulaciones? Para transitar respuestas desarrollaremos tres perspectivas historiográficas diferentes en relación a esta cuestión:
La historiografía whig (anacrónica)
La historiografía anti-whig (diacrónica)
La historiografía anti-anti-whig (combinación)
Perspectiva whig
Según Helge Kragh el abordaje “whig” de la historia de la ciencia es aquel que ejerce una mirada anacrónica sobre el pasado ya que estudia los acontecimientos históricos a la luz de los conocimientos que se tienen hoy en día y evalúa la evolución posterior de los mismos con el objetivo de analizar su influencia en el cuerpo actual de teorías. Herbert Butterfield (1900-1979), quien extrapoló este término (“whig”) del campo de la política al ámbito de la historiografía de la ciencia, afirma que una historia whig es «el estudio del pasado teniendo un ojo puesto, por así decir, en el presente», y por ello llega a afirmar que es una «escritura ahistórica de la historia».
Según Caruso la concepción whig de la historia podría caracterizarse de la siguiente manera:
a) El estudio del pasado se realiza en permanente referencia al presente. b) Los personajes históricos son clasificados fácilmente en hombres que fomentaron el progreso y en hombres que intentaron impedirlo. c) El historiador cree que su función principal consiste en destacar las semejanzas entre pasado y presente en lugar de ser vigilante de las diferencias. Encontrará fácil decir que ha encontrados las “raíces”, la “anticipación”, del siglo XX cuando en realidad está en un mundo de connotaciones enteramente diferentes si se las considera en conjunto y , sencillamente ha caído en una analogía apresurada. d) El historiador whig puede tender líneas entre ciertos eventos que interpreta como una línea de causación.
Desde este marco historiográfico la intención subyacente es la de reconstruir el camino que nos lleva desde el conocimiento del pasado hasta el conocimiento actual. Un historiador whig se pregunta cómo hemos llegado a tener las teorías que tenemos hoy en día y para responder mira en la historia de la ciencia y busca en ella líneas de continuidad. Aunque la noción de “anacronismo” suele tener una connotación despectiva, los historiadores de la ciencia que sostienen esta postura consideran necesario que el historiador situado en el presente use sus conocimientos actuales para ordenar y dar sentido a las teorías de sus predecesores. Pero, más allá de sus partidarios, la comunidad de historiadores de la ciencia hoy consideran que una perspectiva puramente whig no es buena y debe ser evitada.

ANACRONISMO: Un anacronismo se refiere a algo que no se corresponde o parece no corresponderse con la época a la que se hace referencia. Por ejemplo, si en una obra de teatro que se desarrollara durante la Antigua república romana apareciera un personaje usando una computadora, la computadora sería un anacronismo.
DIACRONISMO: es el estudio de un fenómeno social a lo largo de diversas fases históricas atendiendo a su desarrollo histórico y la sucesión cronológica de los hechos relevantes a lo largo del tiempo PERSPECTIVA WHIG: solamente considera de la historia los momentos relevantes, dejando de lado a la luz de la historia de la ciencia las teorías “erróneas” a la luz de la ciencia posterior. Por ejemplo un historiador desde esta perspectiva, dejará de lado los fuertes intereses alquímicos que tenía Newton.Ø Se critica su linealidad y su anacronismo
PERSPECTIVA ANTI-WHIG: Los autores que rechazan la  perspectiva whig proponen, en su lugar, un ideal diacrónico que aborde los acontecimientos del pasado  en  términos  del  contexto  -creencias,  teorías, métodos, etc.-  vigente en la época considerada.
PERSPECTIVA ANTI-WHIG: Los autores que rechazan la  perspectiva whig proponen, en su lugar, un ideal diacrónico que aborde los acontecimientos del pasado  en  términos  del  contexto  -creencias,  teorías, métodos, etc.-  vigente en la época considerada.Ø Se critica su diacrónismo
Ø Se sostiene que el enfoque diacrónico es utópico
Ø Se corre el riesgo que el conocimiento histórico sea sólo para especialistas


La polémica whig versus antiwhig nos deja una importante enseñanza: no existe una única manera correcta de escribir la historia. Todo relato histórico implica necesariamente interpretación: la  historia no  es  meramente narrada, sino construida. La epistemología actual también reconoce la imposibilidad de una  objetividad absoluta en la historia.


Esta antinomia historiográfica conduce a una muy diferente valoración de los episodios del pasado. El historiador whig substancializa la ciencia como entidad autónoma y suprahistórica; en relación con ella pueden evaluarse logros y fracasos del pasado. Pero tal valoración carece de sentido para la historiografía antiwhig, que prohíbe interpretar el pasado a la luz del conocimiento presente y permite evaluar logros y fracasos sólo en relación con el  contexto  de la  época  en  que tales acontecimientos sucedieron. En ambos casos, los relatos históricos resultantes suelen ser radicalmente diferentes.

La controversia entre Pasteur y Pouchet

Si observamos una pelusa verde en un trozo pan, o blanca en el queso de la heladera o manchas oscuras en la pared solemos decir que son hongos ¿Pero de dónde provienen? Las respuestas más comunes suelen ser que los alimentos se están “pudriendo” o que en la pared hay humedad o que vienen del aire. Desde fines del 1800 conocemos que no es así, que esos seres vivos provienen de otros seres vivos semejantes, o sea un hongo del pan proviene de otro hongo y que se desarrollan es ese lugar porque las condiciones son propicias. La pregunta acerca de la generación de los seres vivos (especialmente los microscópicos) y la respuesta a la misma nos remite a ciertas ideas que se discutieron durante siglos. El debate acerca de la llamada generación espontánea no solo se estableció entre científicos, sino también convocó a religiosos, filósofos y hasta poetas. En este texto les contaremos una parte de esta historia, la parte en donde se cierra esta discusión a través de una controversia científica.

Inicio de la controversia
En la comunicación que Félix Arquímedes Pouchet enviara a la Academia de Ciencias de Paris, el 20 de diciembre de 1858, anuncia que bajo condiciones cuidadosamente controladas se había producido la generación espontánea de microorganismos “nacidos espontáneamente en el aire artificial y en el gas oxígeno” en caldos que estuvieron en contacto con aire. Esa comunicación de Pouchet, sorprendió al mundo académico. Varios científicos la rechazaron diciendo que seguramente los microorganismos fueron introducidos por el aire en los medios de cultivo o que el calor suministrado no fue suficiente para matarlos. Unos meses después Louis Pasteur informa a la Academia, acerca de sus estudios sobre las fermentaciones. En dichas investigaciones había puesto a prueba que las mismas siempre estaban ligadas a la presencia de ciertos microorganismos (por ejemplo, levaduras de cerveza), en los medios de cultivo. Pouchet, presenta sus puntos de vista y sus hallazgos en un elaborado trabajo de 700 páginas, en donde se define claramente a favor de la generación espontánea y destaca que, la aparición de gérmenes se produce cuando está presente un “cuerpo putrescible, agua y aire”. Dado que estas ideas generaban encontradas opiniones en los círculos científicos, el 30 de enero de 1860, la Academia de Ciencias de París instituye el premio Alhumbert bajo el lema: ”Para arrojar, mediante experimentos cuidadosamente dirigidos, nueva luz sobre la cuestión de la llamada generación espontánea”. Pero contemos un poco más acerca de los contendientes al inicio de la controversia.


Pasteur y Pouchet
Louis Pasteur, era químico contaba con 38 años y era académico de París. A su vez, Félix Arquímedes Pouchet, era médico y naturalista tenía 60 años, académico y Director del Museo de Historia Natural de Rouen (localidad francesa) y miembro honorario de varias sociedades científicas fuera de Francia. Aunque algunos colegas de Pasteur trataron de disuadirlo, él estaba convencido de que la solución del problema era fundamental ya que ampliaba y complementaba sus estudios sobre las fermentaciones. Pouchet, estaba convencido de que los datos experimentales obtenidos en sus diferentes trabajos, eran testimonio más que suficiente de que la “generación espontánea existía”; de lo contrario ¿cómo era posible que habiendo tomado las debidas precauciones para evitar la entrada de cualquier organismo vivo en los frascos, al cabo de unos días en las infusiones de heno así preparadas, siempre aparecían seres vivos? Pasteur se inscribe para competir por el premio Alhumbert, y también se inscribe Pouchet. Dos años después, el premio sería ganado por Pasteur por la presentación de una serie de experiencias que son las que se relatarán a continuación. Pasteur se mete en la pelea y defiende sus argumentos, confrontando experimentalmente con todo rigor los resultados obtenidos por Pouchet. Esta cuestión, impulsó a Pasteur a experimentar con distintos medios nutritivos por ejemplo, suspensiones de levadura, o líquidos como leche, orina, sangre y con aire calentado y filtrado bajo toda clase de condiciones. Para llevar a cabo esos variados experimentos, aplicó algunos de los procedimientos descriptos por sus predecesores cuando abordaron el problema, pero, dedicando especial atención a todos los aspectos técnicos. De esta manera, logró diseñar experimentos que daban siempre el resultado esperado: ausencia de gérmenes en los medios de cultivo. A pesar de las precauciones que toma, Pouchet fiel al método experimental, ve que sus cultivos se contaminan y admite entonces la generación espontánea. Pasteur reconocerá que no puede criticar ni el oxígeno, ni el agua y tampoco el heno utilizados. Aceptará este éxito pero devolverá el golpe demostrando que los microbios se encontraban en la cuba de mercurio. Con este procedimiento, Pasteur logra mostrar que el error cometido por Pouchet en sus trabajos estaba en el mercurio empleado en el momento de la entrada del aire en los frascos calentados; ya que siempre contenía polvo y un gran número de gérmenes en su superficie. Al encontrar cuál había sido el error en la técnica utilizada por su oponente, Pasteur consigue eliminar la fuente de contaminación de los líquidos y del aire y así obtener un nuevo aval para su postura, además diseña un experimento para demostrar la existencia de microorganismos en el aire y cómo filtrarlo. Las observaciones de las muestras del aire filtrado en diferentes lugares le permitieron a Pasteur mostrar que existían grandes diferencias entre el número y el tipo de microbios que podía encontrar, dependiendo ello del grado de contaminación de las muestras; así por ejemplo, en el aire aspirado en una gran aglomeración urbana la presencia de gérmenes era mayor que en el campo. Todos estos descubrimientos le permiten a Pasteur formular “la teoría del germen” y diseñó entonces experiencias que le permitieran de alguna manera decidir cuál era la menor cantidad de aire necesaria para contaminar los cultivos colocados en frascos con cuello de cisne.
Experiencia realizada por Pasteur

Preparó un gran número de matraces con infusiones de levadura y azúcar; mediante el fuego, alargó el cuello de los recipientes hasta que quedara sólo un pequeño orificio, de modo que los mismos pudieran sellarse fácilmente cuando se deseara. Hizo hervir las infusiones con el objeto de destruir los gérmenes y expeler el aire, el cual era desplazado por la corriente del vapor de agua producto del hervor. Finalmente, sellaba las botellas, fundiendo el extremo de vidrio con un soplete mientras se escapaba el vapor, de manera que los recipientes quedaran prácticamente vacíos de aire. Al cabo de unos días al analizar los recipientes, Pasteur observó que el contenido no presentaba gérmenes y que los caldos permanecían estériles mientras se mantuvieran sellados los frascos.

Decide ampliar el área a investigar y resuelve abrir una serie de frascos en diferentes lugares. Para abrirlos, toma todo tipo de precauciones, pasa por la llama de una lámpara de alcohol los cuellos de las botellas y las pinzas que utilizaría para romperlos y de esta manera quemar el polvo que pudiera haber en la superficie de los materiales utilizados y así también matar los gérmenes depositados en él. Antes de quebrar los cuellos, se preocupa de mantener los frascos por encima de su cabeza y de ubicarlos en dirección opuesta al viento con el fin de evitar que se contaminen, por ejemplo con el polvo de la ropa. Luego de romperlos y de percibir el característico silbido producto de la entrada del aire, sella inmediatamente los frascos con la llama y los pone en una estufa a una temperatura de alrededor de 30 ºC. Pasteur, al efectuar el proceso descripto anteriormente con numerosos recipientes abiertos en distintas calles de París, comprueba que, luego de la incubación en el contenido de casi todos los balones hay diferentes microorganismos, pero algunos no se contaminaban, lo que constituía un gran problema. Para tomar una posición más fuerte, era necesario que Pasteur encontrara regularidades en sus observaciones. Conjeturó entonces que la cantidad de microorganismos que se encuentran en el aire se modifica con la altitud, es así que sube al monte Jura para realizar sus experimentos. Obtiene como resultado que los frascos a gran altura no se contaminan.

La respuesta de Pouchet
Pouchet y su grupo de trabajo también ascienden a una montaña al monte Montalbert. Sin embargo los resultado de sus experimentos son contrarios a los señalados por Pasteur ya que todos los frascos se encontraron llenos de gérmenes y por lo tanto siguen sosteniendo que era imposible que hubiera gérmenes en el aire.

Pasteur critica los experimentos que realizo Pouchet, indicando varios errores: un reporte incompleto, un procedimiento incorrecto y que claramente no pudieron mostrar que en cualquier lugar los recipientes se contaminan, etc.

Pero, ¿Quién tenía razón: Pasteur o Pouchet?

Resolución de la controversia
Para darle un corte definitivo al asunto la Academia de Ciencias decide nombrar una comisión. Ante ella se repetirían los experimentos que los dos equipos de investigadores habían llevado a cabo con resultados tan disímiles y, con las pruebas a la vista, esta comisión daría su dictamen.

Cuando la comisión y los contendientes se reunieron en junio, resultó que Pouchet y sus ayudantes Joly y Musset no estaban interesados en repetir las experiencias de Pasteur usando las infusiones de heno. Ellos deseaban llevar a cabo investigaciones completamente diferentes. Ante la petición de la Academia proponen un programa de investigaciones con un orden de importancia, donde los experimentos de Pasteur se encuentran en último lugar. La comisión no aceptó el amplio y extenso programa de Pouchet y sus colaboradores porque no creía que podrían llegar a algún resultado claro. Esto desembocó en la renuncia de los científicos, y Pasteur procedió a llevar adelante sus experimentos. Finalmente, después de múltiples discusiones sobre los programas de experiencias, Pouchet, Joly y Musset aceptaron asistir a la cita dada por la Academia, el martes 22 de junio de 1864, en el Museo de Historia Natural de París. El día fijado para resolver la controversia, los dos grupos debían presentar sus trabajos de acuerdo con “un programa organizado” por la comisión. Pasteur llegó con sus colaboradores cargado de aparatos y listo para la prueba.

El fallo de la comisión, presentado el 20 de febrero de 1865, fue cuidadosamente enunciado y referido estrictamente a los resultados, sin involucrar los reclamos teóricos más generales. Esto demuestra que los reclamos de Pasteur (la posibilidad de obtener muestras de aire estéril) fueron correctos. Pouchet y sus colaboradores no tenían ningún argumento para rechazar dichos reclamos.


Resurgimiento de la controversia
Pero esta historia no terminó aquí, en 1872 las experiencias realizadas por el médico inglés Henry C. Bastian y publicadas en un libro de 1.115 páginas titulado TheBeginning of Life; BeingSomeAccount of theNature, Modes of Origin and Transformation of LowerOrganisms, reabre la polémica de la generación espontánea. Por esta razón, Pasteur, se ve obligado a reconocer las limitaciones de las técnicas experimentales que había usado en su controversia con Pouchet y debe diseñar procedimientos más precisos que no admitieran excepciones.


La autoridad de la Academia protegió por un tiempo a Pasteur evitando nuevas investigaciones, especialmente en Francia. Sin embargo los oponentes no permanecieron callados. En 1863 Pouchet publica una nueva edición aumentada de su libro, en el que reitera su creencia en la generación espontánea. También otros investigadores publican algunos resultados de sus experimentos en conflicto con los realizados por Pasteur. Esto demuestra que, aunque la Academia dio por clausurado el debate, esto no fue concluyente y Pasteur debío enfrentar una vez más el reto con nuevas ideas.




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