HISTORIOGRAFÍA
CIENTÍFICA: Historiografía es una palabra que surge de la unión de otras dos:
historia + grafía, o lo que es igual: historia y escritura. De ahí que este sea
el concepto para definir un tipo de operación que debe realizar el historiador
en el proceso de construcción de una narración histórica. Para satisfacer los
intereses y afinidades de conocimiento de los historiadores, existen múltiples
corrientes historiográficas, cada una de ellas con sus particularidades, sus
ventajas y sus sesgos, que orientan al profesional en historia y al público
lector sobre tendencias y formas de interpretar los acontecimientos pasados.
Todos los días,
cotidianamente hacemos referencia a la historia, a nuestras historias
personales o familiares, a la historia de las naciones, etc. y generalmente
todos entendemos a qué nos referimos cuando usamos el término “historia”. Sin
embargo, cuando analizamos más detenidamente la cuestión aparece un conjunto de
problemáticas teóricas que abordaremos en esta sección.
La propia palabra
“historia” esconde dentro de sí dos sentidos diferenciados que no debemos
confundir. A veces, decimos “historia” (H1) para hacer referencia a los hechos
del pasado, por ejemplo al decir “A lo largo de la historia argentina se
sucedieron numerosas crisis sociales”. Pero en otras ocasiones hacemos
referencia a la “historia” (H2) entendiéndola como conocimiento sobre aquellos
hechos del pasado, por ejemplo al decir “La historia argentina se debate entre
posturas liberales y revisionistas”. Esta diferencia de nivel nos abre la
puerta a una problemática aun mayor, ¿Cómo pasar de los “hechos del pasado” al
“conocimiento sobre los hechos históricos”? Parece simple pero allí es
necesario detenernos y reflexionar epistemológicamente.
Los “datos históricos”
no se extraen simplemente del pasado, son el producto de un proceso de
selección y apreciación en donde interviene activamente la perspectiva teórica
del investigador. Para ejemplificar esta incidencia Arthur Danto nos propone
pensar el siguiente caso: ¿qué lugar ocuparían para un historiador del siglo
XIII los postulados de Aristarco (s.III a.C.)? Seguramente Aristarco en el
siglo XIII no era famoso por ser un “antecesor del heliocentrismo”. ¿Por qué?
Sencillamente porque aquello que la historia de la ciencia llama heliocentrismo se
inicia y afianza a partir de la obra de Copernico en siglo XVI.
También resulta
interesante pensar para qué se investiga la historia de la ciencia. ¿Con qué
objetivo? ¿Puede el conocimiento del pasado ser un fin en sí mismo o bien el
objetivo es desarrollar un conocimiento instrumental que ayude a la comprensión
de la ciencia actual? Algunos, como Pierre Duhem, afirman que la historia de la
ciencia tiene el enorme potencial de mostrarnos la naturaleza efectiva del conocimiento
científico y combatir simplificaciones dogmáticas en torno a lo que la ciencia
supuestamente es.
Como hemos visto,
lejos de ser algo simple, la cuestión de cómo construir la historia de la
ciencia es algo problemático que amerita desarrollar ciertos debates
historiográficos y filosóficos. A continuación nos vamos a detener en una
discusión específica ¿Es correcto que la mirada presente del historiador
influya sobre su forma de concebir el pasado? ¿Sería posible evitarlo? ¿Será
cuestión de matices, acentos y articulaciones? Para transitar respuestas
desarrollaremos tres perspectivas historiográficas diferentes en
relación a esta cuestión:
La historiografía
whig (anacrónica)
La historiografía
anti-whig (diacrónica)
La historiografía
anti-anti-whig (combinación)
Perspectiva whig
Según Helge Kragh
el abordaje “whig” de la historia de la ciencia es aquel que ejerce una mirada
anacrónica sobre el pasado ya que estudia los acontecimientos históricos a la
luz de los conocimientos que se tienen hoy en día y evalúa la evolución posterior
de los mismos con el objetivo de analizar su influencia en el cuerpo actual de
teorías. Herbert Butterfield (1900-1979), quien extrapoló este término (“whig”)
del campo de la política al ámbito de la historiografía de la ciencia, afirma
que una historia whig es «el estudio del pasado teniendo un ojo puesto, por así
decir, en el presente», y por ello llega a afirmar que es una «escritura
ahistórica de la historia».
Según Caruso la
concepción whig de la historia podría caracterizarse de la siguiente manera:
a) El estudio del
pasado se realiza en permanente referencia al presente. b) Los personajes
históricos son clasificados fácilmente en hombres que fomentaron el progreso y
en hombres que intentaron impedirlo. c) El historiador cree que su función
principal consiste en destacar las semejanzas entre pasado y presente en lugar
de ser vigilante de las diferencias. Encontrará fácil decir que ha encontrados
las “raíces”, la “anticipación”, del siglo XX cuando en realidad está en un
mundo de connotaciones enteramente diferentes si se las considera en conjunto y
, sencillamente ha caído en una analogía apresurada. d) El historiador whig
puede tender líneas entre ciertos eventos que interpreta como una línea de
causación.
Desde este marco
historiográfico la intención subyacente es la de reconstruir el camino que nos
lleva desde el conocimiento del pasado hasta el conocimiento actual. Un
historiador whig se pregunta cómo hemos llegado a tener las teorías que tenemos
hoy en día y para responder mira en la historia de la ciencia y busca en ella
líneas de continuidad. Aunque la noción de “anacronismo” suele tener una
connotación despectiva, los historiadores de la ciencia que sostienen esta
postura consideran necesario que el historiador situado en el presente use sus
conocimientos actuales para ordenar y dar sentido a las teorías de sus
predecesores. Pero, más allá de sus partidarios, la comunidad de historiadores
de la ciencia hoy consideran que una perspectiva puramente whig no es buena y
debe ser evitada.
ANACRONISMO: Un
anacronismo se refiere a algo que no se corresponde o parece no corresponderse
con la época a la que se hace referencia. Por ejemplo, si en una obra de teatro
que se desarrollara durante la
Antigua república romana apareciera un personaje usando una
computadora, la computadora sería un anacronismo.
DIACRONISMO: es el estudio de un fenómeno social a lo largo de diversas fases
históricas atendiendo a su desarrollo histórico y la sucesión cronológica de
los hechos relevantes a lo largo del tiempo
PERSPECTIVA WHIG: solamente considera de la historia los momentos relevantes,
dejando de lado a la luz de la historia de la ciencia las teorías “erróneas” a
la luz de la ciencia posterior. Por ejemplo un historiador desde esta
perspectiva, dejará de lado los fuertes intereses alquímicos que tenía Newton.Ø Se critica su linealidad y su anacronismo
PERSPECTIVA ANTI-WHIG: Los autores que rechazan la perspectiva whig
proponen, en su lugar, un ideal diacrónico que aborde los acontecimientos del
pasado en términos del contexto -creencias,
teorías, métodos, etc.- vigente en la época considerada.
PERSPECTIVA ANTI-WHIG: Los autores que rechazan la perspectiva whig
proponen, en su lugar, un ideal diacrónico que aborde los acontecimientos del
pasado en términos del contexto -creencias,
teorías, métodos, etc.- vigente en la época considerada.Ø Se critica su diacrónismo
Ø Se sostiene que el enfoque diacrónico es
utópico
Ø Se corre el riesgo que el conocimiento
histórico sea sólo para especialistas
La polémica whig versus antiwhig nos deja una importante enseñanza: no existe
una única manera correcta de escribir la historia. Todo relato histórico
implica necesariamente interpretación: la historia no es
meramente narrada, sino construida. La epistemología actual también
reconoce la imposibilidad de una objetividad absoluta en la historia.
Esta antinomia
historiográfica conduce a una muy diferente valoración de los episodios del
pasado. El historiador whig substancializa la ciencia como entidad autónoma y
suprahistórica; en relación con ella pueden evaluarse logros y fracasos del
pasado. Pero tal valoración carece de sentido para la historiografía antiwhig,
que prohíbe interpretar el pasado a la luz del conocimiento presente y
permite evaluar logros y fracasos sólo en relación con el contexto
de la época en que tales acontecimientos sucedieron. En
ambos casos, los relatos históricos resultantes suelen ser radicalmente
diferentes.
La controversia entre
Pasteur y Pouchet
Si observamos una
pelusa verde en un trozo pan, o blanca en el queso de la heladera o manchas
oscuras en la pared solemos decir que son hongos ¿Pero de dónde provienen? Las
respuestas más comunes suelen ser que los alimentos se están “pudriendo” o que
en la pared hay humedad o que vienen del aire. Desde fines del 1800 conocemos
que no es así, que esos seres vivos provienen de otros seres vivos semejantes,
o sea un hongo del pan proviene de otro hongo y que se desarrollan es ese lugar
porque las condiciones son propicias. La pregunta acerca de la generación de
los seres vivos (especialmente los microscópicos) y la respuesta a la misma nos
remite a ciertas ideas que se discutieron durante siglos. El debate acerca de
la llamada generación espontánea no solo se estableció entre científicos, sino
también convocó a religiosos, filósofos y hasta poetas. En este texto les
contaremos una parte de esta historia, la parte en donde se cierra esta
discusión a través de una controversia científica.
Inicio de la controversia
En la
comunicación que Félix Arquímedes Pouchet enviara a la Academia de Ciencias de
Paris, el 20 de diciembre de 1858, anuncia que bajo condiciones cuidadosamente
controladas se había producido la generación espontánea de microorganismos
“nacidos espontáneamente en el aire artificial y en el gas oxígeno” en caldos
que estuvieron en contacto con aire. Esa comunicación de Pouchet, sorprendió al
mundo académico. Varios científicos la rechazaron diciendo que seguramente los
microorganismos fueron introducidos por el aire en los medios de cultivo o que
el calor suministrado no fue suficiente para matarlos. Unos meses después Louis
Pasteur informa a la Academia,
acerca de sus estudios sobre las fermentaciones. En dichas investigaciones
había puesto a prueba que las mismas siempre estaban ligadas a la presencia de
ciertos microorganismos (por ejemplo, levaduras de cerveza), en los medios de
cultivo. Pouchet, presenta sus puntos de vista y sus hallazgos en un elaborado
trabajo de 700 páginas, en donde se define claramente a favor de la generación
espontánea y destaca que, la aparición de gérmenes se produce cuando está
presente un “cuerpo putrescible, agua y aire”. Dado que estas ideas generaban
encontradas opiniones en los círculos científicos, el 30 de enero de 1860, la Academia de Ciencias de
París instituye el premio Alhumbert bajo el lema: ”Para arrojar, mediante
experimentos cuidadosamente dirigidos, nueva luz sobre la cuestión de la
llamada generación espontánea”. Pero contemos un poco más acerca de los contendientes
al inicio de la controversia.
Pasteur
y Pouchet
Louis Pasteur,
era químico contaba con 38 años y era académico de París. A su vez, Félix
Arquímedes Pouchet, era médico y naturalista tenía 60 años, académico y
Director del Museo de Historia Natural de Rouen (localidad francesa) y miembro
honorario de varias sociedades científicas fuera de Francia. Aunque algunos
colegas de Pasteur trataron de disuadirlo, él estaba convencido de que la
solución del problema era fundamental ya que ampliaba y complementaba sus
estudios sobre las fermentaciones. Pouchet, estaba convencido de que los datos
experimentales obtenidos en sus diferentes trabajos, eran testimonio más que
suficiente de que la “generación espontánea existía”; de lo contrario ¿cómo era
posible que habiendo tomado las debidas precauciones para evitar la entrada de
cualquier organismo vivo en los frascos, al cabo de unos días en las infusiones
de heno así preparadas, siempre aparecían seres vivos? Pasteur se inscribe para
competir por el premio Alhumbert, y también se inscribe Pouchet. Dos años
después, el premio sería ganado por Pasteur por la presentación de una serie de
experiencias que son las que se relatarán a continuación. Pasteur se mete en la
pelea y defiende sus argumentos, confrontando experimentalmente con todo rigor
los resultados obtenidos por Pouchet. Esta cuestión, impulsó a Pasteur a
experimentar con distintos medios nutritivos por ejemplo, suspensiones de
levadura, o líquidos como leche, orina, sangre y con aire calentado y filtrado
bajo toda clase de condiciones. Para llevar a cabo esos variados experimentos,
aplicó algunos de los procedimientos descriptos por sus predecesores cuando
abordaron el problema, pero, dedicando especial atención a todos los aspectos
técnicos. De esta manera, logró diseñar experimentos que daban siempre el
resultado esperado: ausencia de gérmenes en los medios de cultivo. A pesar de
las precauciones que toma, Pouchet fiel al método experimental, ve que sus
cultivos se contaminan y admite entonces la generación espontánea. Pasteur
reconocerá que no puede criticar ni el oxígeno, ni el agua y tampoco el heno
utilizados. Aceptará este éxito pero devolverá el golpe demostrando que los
microbios se encontraban en la cuba de mercurio. Con este procedimiento, Pasteur
logra mostrar que el error cometido por Pouchet en sus trabajos estaba en el
mercurio empleado en el momento de la entrada del aire en los frascos
calentados; ya que siempre contenía polvo y un gran número de gérmenes en su
superficie. Al encontrar cuál había sido el error en la técnica utilizada por
su oponente, Pasteur consigue eliminar la fuente de contaminación de los
líquidos y del aire y así obtener un nuevo aval para su postura, además diseña
un experimento para demostrar la existencia de microorganismos en el aire y
cómo filtrarlo. Las observaciones de las muestras del aire filtrado en
diferentes lugares le permitieron a Pasteur mostrar que existían grandes
diferencias entre el número y el tipo de microbios que podía encontrar,
dependiendo ello del grado de contaminación de las muestras; así por ejemplo,
en el aire aspirado en una gran aglomeración urbana la presencia de gérmenes
era mayor que en el campo. Todos estos descubrimientos le permiten a Pasteur
formular “la teoría del germen” y diseñó entonces experiencias que le
permitieran de alguna manera decidir cuál era la menor cantidad de aire
necesaria para contaminar los cultivos colocados en frascos con cuello de
cisne.
Experiencia
realizada por Pasteur
Preparó un gran
número de matraces con infusiones de levadura y azúcar; mediante el fuego,
alargó el cuello de los recipientes hasta que quedara sólo un pequeño orificio,
de modo que los mismos pudieran sellarse fácilmente cuando se deseara. Hizo
hervir las infusiones con el objeto de destruir los gérmenes y expeler el aire,
el cual era desplazado por la corriente del vapor de agua producto del hervor.
Finalmente, sellaba las botellas, fundiendo el extremo de vidrio con un soplete
mientras se escapaba el vapor, de manera que los recipientes quedaran
prácticamente vacíos de aire. Al cabo de unos días al analizar los recipientes,
Pasteur observó que el contenido no presentaba gérmenes y que los caldos
permanecían estériles mientras se mantuvieran sellados los frascos.
Decide ampliar el
área a investigar y resuelve abrir una serie de frascos en diferentes lugares.
Para abrirlos, toma todo tipo de precauciones, pasa por la llama de una lámpara
de alcohol los cuellos de las botellas y las pinzas que utilizaría para
romperlos y de esta manera quemar el polvo que pudiera haber en la superficie
de los materiales utilizados y así también matar los gérmenes depositados en
él. Antes de quebrar los cuellos, se preocupa de mantener los frascos por
encima de su cabeza y de ubicarlos en dirección opuesta al viento con el fin de
evitar que se contaminen, por ejemplo con el polvo de la ropa. Luego de
romperlos y de percibir el característico silbido producto de la entrada del
aire, sella inmediatamente los frascos con la llama y los pone en una estufa a
una temperatura de alrededor de 30
ºC. Pasteur, al efectuar el proceso descripto
anteriormente con numerosos recipientes abiertos en distintas calles de París,
comprueba que, luego de la incubación en el contenido de casi todos los balones
hay diferentes microorganismos, pero algunos no se contaminaban, lo que
constituía un gran problema. Para tomar una posición más fuerte, era necesario
que Pasteur encontrara regularidades en sus observaciones. Conjeturó entonces
que la cantidad de microorganismos que se encuentran en el aire se modifica con
la altitud, es así que sube al monte Jura para realizar sus experimentos.
Obtiene como resultado que los frascos a gran altura no se contaminan.
La respuesta
de Pouchet
Pouchet y su
grupo de trabajo también ascienden a una montaña al monte Montalbert. Sin
embargo los resultado de sus experimentos son contrarios a los señalados por
Pasteur ya que todos los frascos se encontraron llenos de gérmenes y por lo
tanto siguen sosteniendo que era imposible que hubiera gérmenes en el aire.
Pasteur critica
los experimentos que realizo Pouchet, indicando varios errores: un reporte
incompleto, un procedimiento incorrecto y que claramente no pudieron mostrar
que en cualquier lugar los recipientes se contaminan, etc.
Pero, ¿Quién tenía razón: Pasteur o Pouchet?
Resolución de la
controversia
Para darle un
corte definitivo al asunto la
Academia de Ciencias decide nombrar una comisión. Ante ella
se repetirían los experimentos que los dos equipos de investigadores habían
llevado a cabo con resultados tan disímiles y, con las pruebas a la vista, esta
comisión daría su dictamen.
Cuando la
comisión y los contendientes se reunieron en junio, resultó que Pouchet y sus
ayudantes Joly y Musset no estaban interesados en repetir las experiencias de
Pasteur usando las infusiones de heno. Ellos deseaban llevar a cabo
investigaciones completamente diferentes. Ante la petición de la Academia proponen un
programa de investigaciones con un orden de importancia, donde los experimentos
de Pasteur se encuentran en último lugar. La comisión no aceptó el amplio y
extenso programa de Pouchet y sus colaboradores porque no creía que podrían
llegar a algún resultado claro. Esto desembocó en la renuncia de los
científicos, y Pasteur procedió a llevar adelante sus experimentos. Finalmente,
después de múltiples discusiones sobre los programas de experiencias, Pouchet,
Joly y Musset aceptaron asistir a la cita dada por la Academia, el martes 22 de
junio de 1864, en el Museo de Historia Natural de París. El día fijado para
resolver la controversia, los dos grupos debían presentar sus trabajos de
acuerdo con “un programa organizado” por la comisión. Pasteur llegó con sus
colaboradores cargado de aparatos y listo para la prueba.
El fallo de la
comisión, presentado el 20 de febrero de 1865, fue cuidadosamente enunciado y
referido estrictamente a los resultados, sin involucrar los reclamos teóricos
más generales. Esto demuestra que los reclamos de Pasteur (la posibilidad de
obtener muestras de aire estéril) fueron correctos. Pouchet y sus colaboradores
no tenían ningún argumento para rechazar dichos reclamos.
Resurgimiento de
la controversia
Pero esta
historia no terminó aquí, en 1872 las experiencias realizadas por el médico
inglés Henry C. Bastian y publicadas en un libro de 1.115 páginas titulado
TheBeginning of Life; BeingSomeAccount of theNature, Modes of Origin and
Transformation of LowerOrganisms, reabre la polémica de la generación
espontánea. Por esta razón, Pasteur, se ve obligado a reconocer las
limitaciones de las técnicas experimentales que había usado en su controversia
con Pouchet y debe diseñar procedimientos más precisos que no admitieran
excepciones.
La autoridad de la Academia protegió por un
tiempo a Pasteur evitando nuevas investigaciones, especialmente en Francia. Sin
embargo los oponentes no permanecieron callados. En 1863 Pouchet publica una
nueva edición aumentada de su libro, en el que reitera su creencia en la
generación espontánea. También otros investigadores publican algunos resultados
de sus experimentos en conflicto con los realizados por Pasteur. Esto demuestra
que, aunque la Academia
dio por clausurado el debate, esto no fue concluyente y Pasteur debío enfrentar
una vez más el reto con nuevas ideas.
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